Seguro que te ha pasado: vas caminando y, de repente, ves un árbol que es una nube de flores blancas o rosas, pero te fijas y no tiene ni una sola hoja. He preparado esta guía para reconocer los árboles por sus flores en primavera precisamente por eso: porque ahora, con las ramas desnudas, es un momento perfecto para aprender a distinguirlos. Mi idea es que en tu próximo paseo sepas exactamente qué árbol tienes delante solo con fijarte en sus flores, antes de que el verde lo cubra todo.
A mí me encanta esta época en que la flor es la protagonista absoluta. Pero, ¿por qué lo hacen así? Es una lección magistral de «marketing» natural de la que depende su supervivencia.
En realidad, es una cuestión de pura eficiencia. Por un lado, a muchos de estos árboles los poliniza el viento (son anemófilos). Si tuvieran hojas, estas harían de barrera y el polen no llegaría bien a otras flores. Al estar «desnudos», el aire corre libremente llevando el polen de un árbol a otro. Otros, en cambio, prefieren seducir a los insectos. Al ser los únicos con color en medio de un paisaje todavía gris, sus flores se convierten en el centro de atención. Es una estrategia brillante para asegurarse de que nadie pase de largo.
Si te preguntas cómo hacen la fotosíntesis sin una sola hoja verde, la respuesta es que, de momento, no la hacen. Estos árboles utilizan los «ahorros» de energía que guardaron en sus raíces y troncos durante el año anterior. Una vez que termina la floración, es cuando brotan las hojas para ponerse a trabajar de nuevo y rellenar la despensa.
1. Los Prunus (Almendros, Cerezos y Ciruelos)
Los prunus nos avisan de que el invierno se acaba. El almendro es el más madrugador, florece cuando aún hace frío y tiene que soportar heladas y nevadas plagado de flores. Sus flores son blancas o rosadas, con cinco pétalos muy delicados y suelen estar pegaditas a las ramas.
Los ciruelos rojos vienen un poco después y sus flores rosas se agrupan en pequeños ramos que cuelgan de un rabito más largo, creando ese aspecto de nube rosada tan romántico.
2. La Mimosa (Acacia dealbata)
La mimosa es una explosión amarilla que es imposible que pase desapercibida. Sus flores son como pequeños pompones de algodón amarillo brillante, muy suaves y con un aroma intensísimo que, para mí, es el olor de la primavera. Aunque es un árbol perenne, su floración es tan increíblemente masiva que casi cubre por completo las hojas.
2. La Mimosa (Acacia dealbata)
La mimosa es una explosión amarilla que es imposible que pase desapercibida. Sus flores son como pequeños pompones de algodón amarillo brillante, muy suaves y con un aroma intensísimo que, para mí, es el olor de la primavera. Aunque es un árbol perenne, su floración es tan increíblemente masiva que casi cubre por completo las hojas.
3. El Aliso (Alnus glutinosa)
Al aliso hay que buscarlo en las riberas de los ríos. Sus flores son más sutiles pero muy elegantes. Son amentos colgantes, unos pequeños cilindros alargados y flexibles que oscilan con la brisa como si fueran pendientes dorados de filigrana. En las ramas sin hojas, puedes encontrar las flores conviviendo con las pequeñas piñas secas del año pasado, que aún resisten en el árbol.
4. El Árbol del Amor (Cercis siliquastrum)
Lo que más me fascina del Cercis es que además de florecer en los extremos de las ramas, sus flores fucsias brotan directamente del tronco y de las ramas. A este fenómeno se le llama caulifloria y es un espectáculo visual increíble, porque parece que la propia corteza se agrieta para dejar salir cientos de pequeños brotes de color. ¿Sabías que las flores del Árbol del Amor son comestibles? Tienen un punto cítrico muy rico que funciona de maravilla en ensaladas o incluso en escabeche.
4. El Árbol del Amor (Cercis siliquastrum)
Lo que más me fascina del Cercis es que además de florecer en los extremos de las ramas, sus flores fucsias brotan directamente del tronco y de las ramas. A este fenómeno se le llama caulifloria y es un espectáculo visual increíble, porque parece que la propia corteza se agrieta para dejar salir cientos de pequeños brotes de color. ¿Sabías que las flores del Árbol del Amor son comestibles? Tienen un punto cítrico muy rico que funciona de maravilla en ensaladas o incluso en escabeche.
5. El Sauce Cabruno (Salix caprea)
Las flores del Sauce cabruno se conocen como “gatitos” porque parecen pequeños pompones de terciopelo gris, suaves y peluditos. Como este árbol florece cuando todavía hiela por las noches, ese «abrigo» evita que el frío de las heladas queme el polen o los órganos reproductores de la flor.
Al madurar, las flores se cubren de estambres amarillos llenos de polen, convirtiendo a este pequeño árbol en un reclamo irresistible para las primeras abejas.
6. El Magnolio Caduco (Magnolia x soulangeana)
Ojo, que no son los típicos magnolios de hoja verde oscura perenne. Estos pierden las hojas en otoño y, antes de que les salga la nueva, sacan unas flores enormes que parecen tulipanes rosas de porcelana carnosos. Lo que más sorprende al tocarlas es que sus pétalos son tan gruesos y suaves que parecen de piel o de una tela pesada, nada que ver con la fragilidad de otras flores. Son súper elegantes, huelen de maravilla y parecen esculturas sobre la madera gris.
6. El Magnolio Caduco (Magnolia x soulangeana)
Ojo, que no son los típicos magnolios de hoja verde oscura perenne. Estos pierden las hojas en otoño y, antes de que les salga la nueva, sacan unas flores enormes que parecen tulipanes rosas de porcelana carnosos. Lo que más sorprende al tocarlas es que sus pétalos son tan gruesos y suaves que parecen de piel o de una tela pesada, nada que ver con la fragilidad de otras flores. Son súper elegantes, huelen de maravilla y parecen esculturas sobre la madera gris.
7. La Paulownia (Paulownia tomentosa)
Es un árbol espectacular con flores de color violeta pálido que crecen en grandes racimos. Lo más curioso es que las yemas de las flores ya están en el árbol desde el otoño anterior, esperando el primer aviso de calor para abrirse de golpe.
Ver un árbol de este tamaño cubierto de campanas violetas sin una sola hoja verde es una imagen que no olvidarás. Es, literalmente, una «joya» botánica a gran escala.
8. El Olmo (Ulmus minor)
Casi nadie le presta atención porque sus flores no son «bonitas» en el sentido tradicional. Son unos bultitos rojos o marrones, muy pequeños y apretados sobre las ramas grises. Es muy común confundir sus semillas con la flor porque poco después de caerse esos bultitos, aparecen las sámaras, unos frutos verdes y circulares que parecen hojitas tiernas o pequeños pétalos pero que en realidad son una especie de alas que protegen a la semilla y le ayudan a volar con el viento.
8. El Olmo (Ulmus minor)
Casi nadie le presta atención porque sus flores no son «bonitas» en el sentido tradicional. Son unos bultitos rojos o marrones, muy pequeños y apretados sobre las ramas grises. Es muy común confundir sus semillas con la flor porque poco después de caerse esos bultitos, aparecen las sámaras, unos frutos verdes y circulares que parecen hojitas tiernas o pequeños pétalos pero que en realidad son una especie de alas que protegen a la semilla y le ayudan a volar con el viento.
9. La Jacaranda (Jacaranda mimosifolia)
Aunque florece un poco más tarde, es inconfundible por su color entre morado y azulado tan intenso. Sus flores tienen forma de campana y cubren todo el árbol antes de que las hojas empiecen a salir. Me encanta cómo se ponen todas de acuerdo para abrirse a la vez, creando una nube de color con un aroma dulce que se nota en toda la calle. Cuando las flores caen, crean una alfombra morada en el suelo que es casi tan espectacular como el propio árbol.
10. El Castaño de Indias (Aesculus hippocastanum)
Este es el colofón de la primavera. Aunque técnicamente sus flores salen justo después de que broten sus primeras hojas palmeadas, el espectáculo es inigualable. Sus flores crecen hacia arriba, como si fueran candelabros. Van desde el blanco al rosa con manchas de colores. Lo curioso es que esas manchas cambian de color cuando la flor ya ha sido polinizada, avisando a los «bichitos» de que ya no queda néctar ahí.
10. El Castaño de Indias (Aesculus hippocastanum)
Este es el colofón de la primavera. Aunque técnicamente sus flores salen justo después de que broten sus primeras hojas palmeadas, el espectáculo es inigualable. Sus flores crecen hacia arriba, como si fueran candelabros. Van desde el blanco al rosa con manchas de colores. Lo curioso es que esas manchas cambian de color cuando la flor ya ha sido polinizada, avisando a los «bichitos» de que ya no queda néctar ahí.
Mirar con atención
Aprender a reconocer los árboles por sus flores es una forma de fijarse más en lo que nos rodea.
Esa observación es la base de lo que hago. Me gusta fijarme en los detalles, en las texturas y en las formas que la naturaleza crea de forma natural.
Mi Colección Herbario nace precisamente de ahí: de mirar las hojas como elementos únicos, no como un fondo verde sin más. En el taller trabajo con la forma real de cada hoja, analizándola, para llevarla a la plata y conservar esa huella para siempre.
Son joyas pensadas para quienes disfrutan prestando atención a esos detalles que suelen pasar desapercibidos. Un trocito de bosque que puedes llevar contigo para recordar un paseo o tu árbol preferido.
Descubre mis hojas de plata en la tienda online y llévate la naturaleza contigo.
